
A menos de 3 horas de la llegada del nuevo gobierno, comandado por el "emprendedor" Sebastián Piñera, el escenario es otro.
Las promesas de campaña ya no tienen validez, la reformulación del programa de gobierno a pasado casi inadvertido para la opinión pública a causa de la catástrofe, los protocolares actos y "cebolla picada" que implica el cambio de mando.
El gobierno de Piñera ganó sin querer un "comodín" para justificar el no cumplimiento de metas, una pirotecnia que desvió la atención en su venta de acciones de LAN y la posibilidad de que su populista discurso de un "gobierno de unidad" le suene "bonito" a gran parte de la gente.
Es triste ver como un pueblo como el chileno otorga el mando a manos de quienes representan el conservadurismo, el capitalismo y la clase burguesa de un país injusto.
Los ministerios, ahora serán gerencias específicas, el presidente será el CEO de Chile y los ejecutores los jóvenes educados en sus instituciones de educación superior manejadas por el opus dei, los chicago boys, entre otras.
Estos jóvenes, si bien no son culpables de lo que los acusaré, son el reflejo de una coalición que por años dedicó sus esfuerzos a que este cambio sucediera. Son jóvenes de clase alta y media alta educados a la usanza yankee, con imágenes de "desarrollo" como el de USA y sin el debido roce real con las clases sociales afectadas de este país. Son jóvenes que sienten orgullo por construir una media agua a las familias pobres durante un par de días de verano, sin la rebeldía ideológica de los jóvenes líderes de universidades tradicionales con escuelas que por años han intentado hacer reflexionar a este país. Son jóvenes buenos tal vez, pero no los propicios a mi manera de ver las cosas...
El desembarco de Vitacura se debe principalmente al mal trabajo de las coaliciones políticas de centro izquierda e izquierda que se estancaron en la historia y no supieron comprender el futuro, ni trabajar para la formación de líderes reales de las situaciones actuales.
Chile hoy vive una fiesta, si, una fiesta. La democracia se celebrará de igual manera, solo que con un gusto amargo de no poder ver recibiendo la banda presidencial a un representante de los sueños reales de un Chile que cada vez más se aleja del desarrollo equitativo y justo.
Adiós Michelle y Suerte Piñera...
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